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El mana

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  • El mana

    El Hijo del Hombre y el Hijo de Dios



    Lucas 22:66-71 Cuando era de día, se juntó el consejo de los ancianos del pueblo, con los principales sacerdotes y los escribas, y le trajeron al sanedrín, diciendo: Si eres Tú el Cristo, dínoslo. Y les dijo: Si os lo digo, no creeréis; y también si os pregunto, no me responderéis. Pero desde ahora el Hijo del Hombre se sentará a la diestra del poder de Dios. Dijeron todos: ¿Luego eres Tú el Hijo de Dios? Y Él les dijo: Vosotros decís acertadamente que lo soy. Entonces ellos dijeron: ¿Qué más testimonio necesitamos? Porque nosotros mismos lo hemos oído de Su boca.

    El sanedrín era un concilio compuesto de los principales sacerdotes, los ancianos, los intérpretes de la ley y los escribas. Era la corte suprema de los judíos. Cuando se le preguntó al Salvador-Hombre si Él era el Cristo, la respuesta del Señor indica que Él no sólo era el Hijo del Hombre en la tierra antes de Su crucifixión, sino que también lo será en los cielos, de pie a la diestra de Dios después de Su resurrección y también cuando regrese en las nubes. Su respuesta también indica que Él es el Cristo de Dios, el Ungido Suyo. De lo contrario, no podría sentarse a la diestra del poder de Dios.



    Lucas 22:70 dice: “Dijeron todos: ¿Luego eres Tú el Hijo de Dios? Y Él les dijo: Vosotros decís acertadamente que lo soy”. La pregunta que le hicieron al Salvador-Hombre es lamisma pregunta que el diablo usó para tentarle (4:3, 9).La frase griega traducida vosotros decís acertadamente que lo soy puede también traducirse “vosotros lo decís, porque lo soy”. Cuando los que juzgaban al Señor oyeron lo que contestó, dijeron: “¿Qué más testimonio necesitamos? Porque nosotros mismos lo hemos oído de Su boca” (v. 71). Se irritaron y le condenaron, pensando que Él blasfemaba contra Dios al decir que Él era el Hijo de Dios.




  • #2
    La mujer y la moneda de plata


    Lucas 15:8-10 ¿O qué mujer que tiene diez monedas de plata, si pierde una moneda, no enciende la lámpara, y barre la casa, y busca cuidadosamente hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas, diciendo: Gozaos conmigo, porque he encontrado la moneda de plata que había perdido. Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente.

    La lámpara representa la palabra de Dios (Sal. 119:105, 130), la cual el Espíritu usa para alumbrar y exponer la posición y la condición del pecador para que se arrepienta. La obra del Espíritu consiste en iluminarnos por dentro, como lo indica la parábola de la mujer que busca la moneda. El Espíritu, la mujer que busca, ilumina nuestro ser interno poco a poco de una manera minuciosa y cuidadosa. El Espíritu ilumina nuestra mente, luego nuestra parte emotiva y nuestra voluntad, y después nuestra conciencia y todo nuestro corazón. De esta manera el Espíritu nos halla.



    Cuando el Espíritu nos halla al iluminarnos, nos despertamos, volvemos en nosotros mismos y nos damos cuenta de que es una insensatez quedarnos donde estamos. Nosotros no nos despertamos a nosotros mismos, sino que lo hace el Espíritu que busca con Su iluminación. El Espíritu no nos busca, alumbra y halla estando en el desierto ni en la cruz, sino en nuestro corazón. Esto produce el arrepentimiento, que es un cambio en nuestra manera de pensar, lo cual, a su vez, produce un cambio en la dirección de nuestra vida.



    El hecho de que el Espíritu nos halle en “la casa” de nuestro ser revela que andábamos perdidos en nosotros mismos. Andábamos perdidos en nuestra mente, nuestra voluntad y nuestra parte emotiva. No solamente andábamos perdidos en el desierto; sino también en nosotros mismos. Cristo murió en la cruz a fin de que saliéramos del desierto, del mundo; sin embargo, aún permanecemos perdidos en nosotros mismos, y allí el Espíritu nos halla. Podemos testificar esto basándonos en nuestra experiencia. Cuando el Espíritu ilumina nuestra mente, nuestra parte emotiva, nuestra voluntad, nuestra conciencia y nuestro corazón, empezamos a arrepentirnos.



    El arrepentimiento generado por la iluminación del Espíritu es un asunto interno. Ningún ser humano y ningún ángel pueden obrar tan íntimamente en nosotros. Esto sólo lo puede llevar a cabo por el Espíritu, ya que Él puede penetrar a lo profundo de nuestro ser para iluminarnos. Así nos damos cuenta de que somos unos necios, nos arrepentimos, y decidimos regresar al Padre.



    Comentario


    • #3
      Nuestra vida está escondida en Cristo

      Colosenses 3:3-4 Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo nuestra vida, se manifieste, entonces también seréis manifestados con Él en gloria.




      Hoy nuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Pero un día Cristo aparecerá, y nosotros seremos manifestados con Él en gloria. Aunque seremos manifestados con Cristo en el futuro, por ahora nos toca estar escondidos. Por esta razón, no debemos exhibirnos a nosotros mismos. Hoy en día, incluso Cristo está escondido. Consideremos por un momento cuántos lo critican, se oponen a Él y lo atacan. Los hombres se rebelan contra Él a tal punto que parece como si Él no existiera. A pesar de que Cristo sufre debido a todos estos ataques y rebeliones, Él guarda silencio y permanece escondido.

      Nuestra vida cristiana debe ser una vida escondida, una vida escondida con Cristo en Dios. Nuestra vida de iglesia debe también estar escondida en Dios y en los cielos. Mientras estemos escondidos, estamos con Cristo en Dios, en los cielos y en la iglesia, pero cuando queremos darnos a conocer y nos promocionamos, estamos fuera de Cristo y no estamos con Él. Cuando Cristo se manifieste, entonces nosotros también seremos manifestados con Él. Ése será el momento en el cual seremos manifestados con Cristo. Pero por ahora nos toca estar escondidos y sufrir.

      En Romanos 8:19, leemos que “la creación observa ansiosamente, aguardando con anhelo la manifestación de los hijos de Dios”, al momento en el cual, “será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad de la gloria de los hijos de Dios” (v. 21). ¡Cuán maravilloso será aquel día en que seremos manifestados con nuestro Cristo en gloria! Para entonces, aun nuestro cuerpo vil será transfigurado en un cuerpo glorioso. No obstante, mientras esperamos ese maravilloso día, debemos permanecer escondidos con Cristo en Dios, en los cielos y en la iglesia.

      Comentario


      • #4
        El fin se acerca






        1 Pedro 4:7-9 Mas el fin de todas las cosas se acerca; sed, pues, cuerdos y sobrios para daros a la oración. Y ante todo, tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubre multitud de pecados. Hospedaos los unos a los otros sin murmuraciones.



        Todas las cosas en las cuales la carne confía pasarán, y el apóstol nos dice aquí que el fin de ellas se acerca. Esto nos advierte de que una vida que se viva en la carne, en las concupiscencias de los hombres (v. 2), pronto se terminará, dado que tiene que ver con las cosas que pasarán dentro de poco. Por lo tanto, debemos ser sensatos y sobrios para darnos a la oración. Literalmente, ser sensatos es tener una mente sana, tener una actitud de sobriedad, ser capaces de comprender las cosas de forma adecuada y cabal sin ninguna perturbación. Además, ser sobrios para darnos a la oración significa ser sobrios para poder velar, para poder vigilar. Esto significa estar en guardia; de ahí que se nos hable de ser sobrios para darnos a la oración. Esto equivale a las palabras del Señor cuando dijo: “Velad y orad” (Mt. 26:41; Lc. 21:36).



        Es preciso que comprendamos que todas las cosas llegarán a su fin. Pedro nos dice que el fin de todas las cosas se acerca. Por consiguiente, en lugar de amar las cosas materiales, debemos ser sensatos y sobrios para darnos a la oración. No centren sus pensamientos en tener una mejor casa, un mejor automóvil o una mejor educación. El fin de todas estas cosas se acerca.



        El versículo 8 añade lo siguiente: “Y ante todo, tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubre multitud de pecados”. El amor debe ser lo primero. En el versículo 9 Pedro dice: “Hospedaos los unos a los otros sin murmuraciones”. Pedro escribió este versículo según su experiencia. Él sabía que dar hospedaje puede generar problemas. Debido a que los santos aman al Señor, la iglesia y el ministerio, ellos están dispuestos a hospedar a quienes vienen de visita de otras localidades. Sin embargo, es posible que los santos que dan hospedaje sean hospitalarios y a la vez murmuren. Quizás algunos se quejen del mal comportamiento que tuvo alguno de los santos que hospedaron en cierta ocasión. Esto es murmurar. Espero que en el futuro demos hospedaje sin murmuraciones.

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